
Fue construida en dos años, dos meses y cinco días, y en su momento generó cierta controversia entre los artistas de la época, que la veían como un «monstruo» de hierro.
Hoy vamos a hablar de uno de los monumentos más icónicos y visitados del mundo: la Torre Eiffel. Situada en el corazón de París, Francia, esta majestuosa estructura es mucho más que un punto turístico; es símbolo de la innovación, el arte y el espíritu de una nación.
La Torre Eiffel fue inaugurada el 31 de marzo de 1889 como parte de la Exposición Universal celebrada en París para conmemorar el centenario de la Revolución Francesa. Fue diseñada por el ingeniero Gustave Eiffel, aunque buena parte del trabajo técnico fue desarrollado por Maurice Koechlin y Émile Nouguier. En un principio, la torre fue recibida con escepticismo y hasta rechazo por muchos artistas e intelectuales, quienes consideraban que desentonaba con el paisaje parisino. Sin embargo, con el paso del tiempo, se transformó en uno de los emblemas más queridos de Francia.
Con sus 330 metros de altura (tras varias modificaciones y la adición de antenas), la Torre Eiffel fue la estructura más alta del mundo hasta 1930. Construida con más de 18.000 piezas de hierro forjado unidas por más de 2,5 millones de remaches, la torre es una obra maestra de la ingeniería moderna. Su ligereza visual, pese a su enorme tamaño, la convierte en una pieza única en su tipo.
La Torre Eiffel cuenta con tres niveles accesibles al público. Desde el primero y el segundo piso, los visitantes pueden disfrutar de restaurantes, tiendas y vistas panorámicas incomparables. El tercer nivel, al que se accede en ascensor, ofrece una vista de 360 grados sobre toda la ciudad de París, permitiendo ver monumentos como el Arco del Triunfo, el Río Sena, el Louvre y la Catedral de Notre-Dame.
Además de su función turística, la Torre Eiffel ha tenido múltiples usos a lo largo del tiempo. Ha servido como antena de telecomunicaciones, estación meteorológica y hasta laboratorio de experimentación científica. Durante las guerras mundiales, también tuvo un rol estratégico en la comunicación militar.
Hoy en día, es uno de los monumentos más visitados del planeta, recibiendo anualmente a millones de personas de todas partes del mundo. Su iluminación nocturna y su espectáculo de luces cada hora por la noche la convierten en una experiencia mágica para cualquier visitante.
La Torre Eiffel no solo representa a París, sino que encarna el espíritu del progreso humano, el amor por la arquitectura audaz y la capacidad de una sociedad para transformar una estructura técnica en un ícono cultural.
Y ahora tú decides: ¿ya incluiste la Torre Eiffel en tu lista de lugares imprescindibles por visitar al menos una vez en la vida?